Crónica de una crujida anunciada.

Ni yo soy Gabriel García Márquez, ni esta será una historia para premio Nobel. Lo que si es cierto, es que fue una crujida anunciada, por que se veía venir. Se volvía a juntar una delantera de lujo, la pareja que nos ha dado tantas noches de éxito y disfrute,
los “deboer” (Sergio y Alejandro) y aquí el que escribe, el único espectador y testigo, que se siente con la obligación de relatar lo vivido.
Sergio y yo quedamos pronto, a las 20:30h ya caía la primera caña en el Marley. Sobre las nueve el Woody nos recogía con su coche y nos dirigíamos hacia el centro. Tuvimos suerte con el aparcamiento, calle Balmes casi con Gran Via. Primera parada, La Oveja Negra, nada parecía haber cambiado después de casi diez años, jarra de medio por barba y bol de palomitas. Las mismas mesas con sus bancos de madera llenos de gente, inconscientemente nos sentamos en la que fue testigo de nuestra última gran noche, aunque con distintos protagonistas, en aquella ocasión nos acompañaban Vicentini y su primo Edu, dos galácticos en su tiempo, aunque esa historia ya está más que explicada. Desde ahí, fuimos bajando hasta la rambla del Raval, lugar de contrastes entre locales de moda, lateros, mogollón de pitufos, prostitutas y hoteles de diseño, digno de ver. Cenamos en La Verónica, un restaurante de diseño, con una carta algo limitada y una camarera que no servía ni pa el caldo de la sopa. Cenamos una pizza acompañada de un vino tinto de la casa, tan malo que el woody tenía curiosidad en saber de que casa venía. Después del café, orujo y alguna bromilla de mal gusto a la camarera (se lo merecía), pagamos la cuenta y seguimos paseando por el Raval camino de la plaza Real. Curiosos los locales de copas, decorados con originalidad que nos permitíamos comentar/criticar con bastante gratuidad. Finalmente nos decidimos por uno cuya puerta era custodiada por dos señoras de la vida, que sonreían y enseñaban pechuga a la vez que nos guiñaban el ojo y que el Woody de forma inexplicable confundió con un par de “guiris” cachondas. La primera en la frente y la noche acababa de empezar, habían pasado los años y no había perdido un ápice de su instinto natural pa decir gilipolleces. Después de las risas, un mojito que tomé con bastante ansia y algún comentario/crítica sobre el local, seguimos paseando y ya no pararíamos hasta llegar a la plaza Real. Destacar del trayecto, una prostituta guasona que nos llamaba calvos con voz sensual desde su esquina. Una vez llegamos a nuestro destino, entramos en el “Sidecar”, un garito clásico de la zona, en el que se pinchaba música estilo “Luiseva”. Con tono rotundo el potato casi sentenciaba con la frase, “Cambio de tercio, pasamos a los cubatas”. Uf, todavía se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo. A partir de ahí la noche cambió de ritmo, no recuerdo las veces que visitamos la barra, pero no se si podría contarlas con una sola mano. Hicimos un parón para cambiar de local, pero una vez en la calle, en parte por nostalgia, en parte por gamberrismo, empezamos a nombrar a todos aquellos amigos que en su día compartían noches como aquella y en un arrebato de solidaridad, decidimos compartir ese momento con todos ellos. No teníamos claro el contenido del mensaje que os queríamos hacer llegar y fue en ese momento, cuando el Woody dio un paso al frente y cogió las riendas de la situación, el toro por los cuernos, se dirigió al punto de penalty y dijo, “únicamente diremos sinónimos de la palabra polla, veréis que divertido”. No se deciros por qué, pero a nosotros nos pareció una idea genial, aunque el mensaje acabó por ser personalizado, nos pareció más considerado. Los que tuvisteis la suerte de tener el móvil encendido y además lo cogisteis pudisteis formar parte de aquello. Dos de los que se lo tomaron mejor, Miguel y Paco, casualmente los únicos despiertos a esas horas. También hubo quien se lo tomó fatal y no lo culpo, es más desde aquí le pido disculpas, pero una vez puestos en situación, quiero que todos entendáis el mensaje que os quisimos hacer llegar. No era más que un intento de haceros patícipes de forma simbólica de aquel reencuentro con nuestros/vuestros años de gloria, momentos que hoy por hoy es muy complicado repetir y que nos tocó a nosotros revivir.
Después de aquel guiño a la amistad, aquel gesto de afecto. Con la cara todavía desencajada de la partida de polla, nos plantamos en la puerta del Karma, sorprendentemente no nos dejaron entrar, lo cual me sorprendió gratamente, no se como explicarlo… simplemente me hizo ilusión. Volvimos al Sidecar a echar el resto, bailar e hidratarse y vuelta a empezar. No recuerdo cuando salimos del local pero era casi de día, subimos las ramblas haciendo repaso de los últimos nombres que quedaban en la agenda del móvil y la verdad aquello nos hizo más ameno el trayecto. Como no, acabamos en el Medina (la Trini) comiendo un bocata, a las 8 entraba por la puerta de casa con una sonrisa de oreja a oreja que todavía hoy conservo. Qué noche! Qué fiesta! Qué crujida!. Si me permitís, os pediría sólo una cosa, si algún día hacéis algo parecido, por favor llamadme sea la hora que sea, querrá decir que formo parte de ese momento tan especial.

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